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las reglas del triciclo

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Era pequeña y salía los domingos de sol con mi padre, el triciclo y mi pelo corto; a desparramarme por el parque grande. Mi triciclo era mi gran aliado, cabeceaba durante todo el trayecto, chirriaba en los semáforos y tintineaba cuando las piedras le daban en una rueda… entonces llegaba el momento de trabajar… y yo me montaba falda de pliegues y mirada clara. Lo sabía, pedalearía toda la mañana delante de mi padre… él siempre debía dejarme un espacio, aire, libertad…. Desde pequeña quería correr delante de los hombres, quería sentirme libre… Pero advertí pronto que eso no ocurría siempre, noté que ellos insistían en adelantarme, en alcanzarme y no dejarme aire. Y no entendiá nada porque yo aún gritaba desde mi triciclo: “no no atrás, mas atrás” pero ellos nada. Sordos. Intentaban acercarse, pegarse a mis labios, a mi alma, a mi cabeza, a mis pensamientos… y aun no comprendo como ellos no conocen las reglas del triciclo. Básicas. ¿No creen?

Vous ne sont pas de moi

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Intenté levantarme, despegarme de tus pestañas y no pude. Intente acercarme a tus labios y, no pude. Intenté abrochar mi cuerpo con el tuyo y, no pude. Intenté participar de tus sonidos y no pude. Intente morder tus mejillas y no pude... Vagué sin descanso entre mis propias negativas y aterricé en la idea del porqué no podía: No pude porque no eras mío.

barquito

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Lamentó que él no la hubiera amado, lamentó que él no hubiera muerto por ella, lamentó que no se desangrara ante sus ojos, lamentó que él no se ahogara gritando: “no me abandones”. Lamentó que no se consumiera pensando en porque lo rechazó. Lamentó que no siguiera arrastrándose, lamentó que no luchara; que le dejara ir como quien deja marchar su barquito preferido por la corriente del río y, desde la orilla se quedara inmóvil, seco, inerte… Mientras navegaba, pensó: “no es la primera vez que me dejan ir”

Lenguajes diferentes:

My blueberry nights Antony and the johnson Rutas salvajes El beso de "bear" La Mirada de luba El grito de una tetera en un ático de Manhattan Olor a jazmín con mantequilla a la hora del té... "Aire, té, antony… un viaje fantástico".

la espera

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Estando a la espera de que se abra la puerta, a salir a escena, a atravesar un bar, a que te den mesa, a llamarlo, a que te llame, a que te inviten… la espera. En esa espera puedes recrearte en un mundo lleno de diálogos propios, ajenos, meditados, o espontáneos. La espera es como una vigilia, uno no hace lo que desea pero piensa en lo que va a realizar… la espera no debe ser muy larga en el tiempo porque sino se como el propio acto, engulle su protagonismo y hace que la escena pierda fuerza…Aunque a veces la espera ayuda a cimentar lo que uno va a hacer, o lo que no quiere hacer… la espera. Es como el limbo; uno espera entrar a un lugar (no sabemos si mejor o peor) pero seguro, diferente. Dicen que quien espera desespera. Supongo que a veces, solo a veces, es así…

O = A, A = O,

En medio de la noche O siempre apaga su lámpara y marca un teléfono memorizado, sabe que tras tres o cuatro tonos aparecerá A : bostezando, tranquilo, a veces tumbado en su cama, otras con su gente de copas, otras ilusionado por una buena noticia; pero siempre tras el auricular.... O y A eligieron mirarse a los ojos una tarde de otoño. Fue intenso. El recuero de O es especialmente dulce (besos, roces, abrazos intensos...recuerda que no podían despegarse) (aquí dejo espacio para el recuerdo de A ) La vida les dio tiempo para mirarse, para rozarse...a través de una línea telefónica, pero no el suficiente. Un martes por la tarde O , de repente, echó en falta a A , se obsesiono con su NO presencia, con su NO abrazo… y con su NO… Colgó el teléfono…Lo dejó…. a veces (solo a veces) una conversación alimenta más el espíritu que un roce de cuerpos

, sin su permiso…

Las calles frías, resbaladizas, inquietantes, encogidas… me llevan a un lugar pequeño, lleno de detalles sin descifrar; mirando al fondo, en una esquina… Ella; corta de falda y espléndida de escote, luminosa de purpurina, es la puta de mi barrio. Como si de un objetivo se tratara, enfoco su cara, sus ojos, lilas, pequeños; unos ojos que susurran a lágrimas: “ Quiéreme, estés donde estés quiéreme. Aunque no te vea, aunque no te toque, aunque no te aliente… quiéreme. Ámame a escondidas, entre los rincones, por la virilla, en los dinteles… agárrame entre el aire de mi espacio, asfíxiame sin demora, chupame sin tiempo, marchítate en mi boca… “. Me sonrojo. Desenfoco. Marcho con la extraña sensación de haber atravesado las entrañas de una mujer desmesuradamente sensible, para el frío que corre por estas calles deshumanizadas.