sábado, 21 de marzo de 2009

las reglas del triciclo

Era pequeña y salía los domingos de sol con mi padre, el triciclo y mi pelo corto; a desparramarme por el parque grande. Mi triciclo era mi gran aliado, cabeceaba durante todo el trayecto, chirriaba en los semáforos y tintineaba cuando las piedras le daban en una rueda… entonces llegaba el momento de trabajar… y yo me montaba falda de pliegues y mirada clara. Lo sabía, pedalearía toda la mañana delante de mi padre… él siempre debía dejarme un espacio, aire, libertad…. Desde pequeña quería correr delante de los hombres, quería sentirme libre… Pero advertí pronto que eso no ocurría siempre, noté que ellos insistían en adelantarme, en alcanzarme y no dejarme aire. Y no entendiá nada porque yo aún gritaba desde mi triciclo: “no no atrás, mas atrás” pero ellos nada. Sordos. Intentaban acercarse, pegarse a mis labios, a mi alma, a mi cabeza, a mis pensamientos… y aun no comprendo como ellos no conocen las reglas del triciclo. Básicas. ¿No creen?

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