miércoles, 21 de julio de 2010

somos islas

Reclino mi cabeza en su cabeza y no dejo que traspasen sus sonidos en mis sonidos. No dejo porque no quiero contaminación, no quiero ruidos extraños dentro de mí. Quiero silencio autóctono, de mi propia isla, de mis propios gruñidos. Salgo de su/mi ensoñación y desprecio su compañía, una compañía mediocre, una compañía de necesidades, de chantajes. Recuerdo entonces que soy una isla, una isla propia, y no pertenezco a nada ni a nadie.
Sentir la soledad es sentir la realidad que nos invade, podemos anudar puentes con otras islas pero son nudos falsos, livianos, y casuales; no duraderos.
Bienvenidos a mi isla.

2 comentarios:

Cotard. dijo...

Me encanta. Excepto que el final me parece más contradictorio que irónico.

doisneau dijo...

Gracias Cotard. Entiendo a que te refieres. Yo tuve mi dudas, pero era lo que mi isla me decía.
Beso