el paso de las tardes hasta llegar a...


Los días se hundían bajo el influjo de un teclado, de un cigarro, de una copa de vino, del perfume a violetas y de la música jazz.

El balcón se entreabrió para que pasara la tenue luz de la tarde…suave, sin ruido, rozando las cortinas de lino blanco suavemente balanceadas por la brisa del mediterráneo.
Palmira saco a la terraza la bandeja con el té y el bizcocho de fresas…en diez minutos las amigas de la señora aparecerán como devoradoras de animales sin sentido, sin ojos que no fueran para el bizcocho.
Ella las dejaba entrar como quien deja entrar a las hormigas, observando sus movimientos aburridos, monótonos…con su caminar de nuevas ricas.
.- ¿Sales al balcón con nosotras?
.- ¡Voy!- forzando la sonrisa dejaba su maquina.
Con su cigarrillo medio consumido arrebataba la hamaca y mientras se balanceaba cotilleaba las vidas de las demás, recreaba los sueños ajenos y comía, bebía….reía.
A la hora convenida desfilaban para dejar paso al silencio del anochecer.

Entonces Palmira recogía las sobras de los martes, para dejar entrar el decorado de los miércoles: el desayuno de Roberto.

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