lunes, 20 de diciembre de 2010

el silecio del otro...

Hay historias que se van acabando, apagando, diluyendo con el silencio de uno de los dos.
Esa chica de la maleta quiso poner fin, y al final sucumbió a su palabra. Ahora ella percibe que él, ha firmado la sentencia del final, del silencio; y se siente ninguneada. En el fondo es ella la que se ninguneó. Se abandonó antes. Rompió su límite porque ese límite se había escrito desde la idea de que él saltaría a sus brazos; la respuesta fue otra.
Ahora esa chica de la maleta esta rabiosa porque él ha decidido terminar poniendo el silencio entre los dos. Le jode que haya sido él quien haya cerrado. Y haya cerrado con el silencio, con la no acción. Que triste se siente ella.

Este fin de semana, esa chica de la maleta, ha hecho parada y fonda. Ha recalado en su propia casa Ha estado con ella. Se ha calmado.

El dolor continúa. La rabia tiene un gran lugar en su cuerpo. ¿Cómo una se desprende del dolor y de la rabia?