viernes, 14 de noviembre de 2008

la masa ahoga


Tres asientos libres en el vagón de metro de la línea amarilla (siempre me dirijo a ellas por los colores evitando los números, se me antoja más personal).
Mañana medio fría, medio chispeante… me coloco en uno de los asientos y frente a mi otros tres; los extremos ocupados: una gorra terminada en unos inmensos auriculares; y un profesor de universidad que sostiene una pipa adormecida.
En mi diagonal derecha cuatro asientos; los extremos opuestos ocupados.
Observo que el ser humano no gusta de establecer contacto físico con desconocidos, si puede elegir siempre pondrá un asiento entre el antiguo habitante y él.
Caminamos en una masa que no se junta, que no se toca, que no se quiere, que se repele…que mira en un continuo discurso interior de desprecio: “¡Que rabia pertenecer a la masa!”
“Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo”, como diría Ortega y Gasset al comienzo del ensayo “La rebelión de las masas”.
La masa refuerza la neutralidad y te despoja de las aristas, eso hace que sientas que mueres mientras deambulas entre ella….

1 comentario:

Gwynette dijo...

Cada uno de nosotros nos sentimos únicos, pero ciertamente, para los demás, somos masa.
Yo también dejo un asiento libre si puedo, entre la masa y yo :-)

Petonets