martes, 24 de junio de 2008

lágrima

Ayer recibía un mensaje de una gran amiga. Decía: “No tengo ganas de hablar, no he desaparecido pero el dolor que estoy viviendo es tan grande que me es imposible pronunciar un solo sonido”. Es el dolor de la enfermedad de otra amiga; una amiga joven que se desmenuza con un cáncer, que se apaga con una herida. Una amiga que eligió ser monja. El dolor sale de ella y se distribuye por todos los campos contiguos y hay que recogerlo, abrirle la puerta y acunarlo. Es lo único que podemos realizar; bailar la danza de la enfermedad con ella.
Por el oscuro dolor de la enfermedad. Por los brazos que extiende; para recogerlos y acariciarlos. Ella se llama Pilar, y uno de los brazos que la acogen Susana.

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