sábado, 17 de mayo de 2008

gente, gente, gente... y mas gente


Gente, gente y mas gente. Que camina, que revienta, que fuma, que ahumea, que camina, que pasea, que pedalea, que escotea, que italanea, que inglesea, que come, que escupe, que tropieza, que mira, que se enreda, que compra, que mira, que se mira, que arrastra, que ahoga, que se espanta, que grita, que llora, que susurra, que traduce, que intenta, que aparca, que abraza, que besa, que se arrastra, que cafetea, que escaparatea, que se rinde…
Gente y mas gente. Las calles de las grandes ciudades están abarrotadas de piernas y brazos que se extienden, que expresan pero apenas se sienten, se escuchan y se detienen. Masa. Y me pregunto hacia dónde van, hacia dónde no van, qué es lo que han hecho y lo que querrían hacer; y me paro.
Y, al final, ¿Qué? Y ¿Para qué?
Me dan pudor estas preguntas. Me arrebatan el oxígeno. Me quitan el entendimiento.

Llamo a la enfermera y me sumerjo en el mundo de Ian McEwan; “Chelsil Beach”

2 comentarios:

IVAN dijo...

Eso es lo bueno y lo malo de las ciudades, hay gente para todo, gente que se cruza, gente que ni se mira, gente que no se conoce, y cada uno con su vida. Supongo que cada uno hace lo que quiere con la suya.

Me ha llamado la atención este escritor, y he estado un rato investigando, creo que me compraré algo...

SERGIO dijo...

Es un poema, un ensayo y, sobre todo, un modo excepcional de mirar la cotidianeidad con inteligencia. Tengo para mi que detrás de la persona que se esconde en la entidad de un fotógrafo tiene tanto talento que no sé si debería ya echarle "un par de pelotas" o de "ovarios", que nunca se sabe, para dar el salto y hacer cosas como ésta, no ya en los ratos muertos, sino desde la mañana a la noche.¿Por qué no lo hace de una puta vez?