jueves, 13 de diciembre de 2007

de mirar y de que te miren…

Mirar es un ejercicio que me apasiona. Ser mirada según por quien es irresistible. Pero no solo me quedo en la mirada, me gusta fantasear acerca de sus vidas.
Ese chico esta esperando en la tienda de ropa interior, termina su cigarro, lo apaga y mira el escaparate: “no se si es pronto para regalarle un conjunto de lencería. ¿Se molestará? Bueno… entro”.
Una chica habla por el móvil mientras esta tomando un café en una terraza: “no te he dicho que no, que no quiero… porque no, y punto. Porque siempre me ilusionas y luego todo se esfuma… Adiós”. Cuelga, deja el móvil sobre la mesa de mármol y coge la taza de café. Intuyo que caliente y muy renovador para la pelea que acaba de tener, con ¿quien? Puedo imaginarme que con su novio, pero también con una miga o incluso con una padre que mal quiere; de esos, hay varios. Los padres a menudo son secos, ásperos; te quieren, seguro! Pero puedes estar paseando toda una mañana y las únicas palabras que puedes sacarles son: “Bien, hija bien. O, porque yo cuando estaba… o, yo cuando trabajaba, cuando visitaba...” tu callas porque sabes que es su forma de hacerte caso, de quererte. Extraña, si, pero a su manera. Ahora pienso en mi padre. Y de refilón le guiño el ojo a mi madre!

1 comentario:

IVAN dijo...

Más lo deberíamos hacer, paseamos por las calles sin mirar lo que sucede a nuestro alrededor, sumergidos en nuestros pensamientos. Tantos detalles que nos perdemos...y mirar a alguien de verdad, ver lo que és, lo que nos une, lo que nos diferencia, sentir lo que transmite esa mirada, no es tarea fácil...