martes, 29 de enero de 2008

El rumor de un paseo


Las Ramblas despejadas de turistas, aire, sol, libre. Un placer observar como las floristerías se abren, desparraman por el suelo multitud de ramos de colores, como Doña Elvira limpia las hojas de las rosas rojas, como Agustín vierte agua en varios recipientes… el día se presume largo, caluroso e intenso.
Las flores dejan paso a las tiendas de pájaros. “Que destino más cruel el suyo”. Los veía moverse torpemente en una jaula minúscula. Y sentí vergüenza de una parte de la humanidad. ¿Qué sentido tiene encerrar a un pájaro para el mero placer de mirar y susurrarle frases torpes mientras les pones un poco de alpiste y lechuga? Mediocre gusto. He tenido un impulso; Si! Pero no lo he llevado a acabo, no por ganas sino porque la realidad me llamaba y tenía que llegar al banco para “cumplir” mi contrato con el Estado. Bueno o porque seguramente soy una poco cobarde.
(Ahora podía hacer una comparativa fácil. “Tal vez en la jaula estoy yo y no me atrevo a abrirla. Bueno lo dejaré aquí y ahora.)

2 comentarios:

IVAN dijo...

Lo bueno y lo que nos diferencia de los pobrecitos canarios es que nosotros si tenemos la capacidad de abrir la puerta de la jaula, es difícil y cuesta bastante, pero lo podemos hacer. Una vez abierta, nos podemos ir a otra más grande, con más espacio, o a otra más pequeña...lo que decidamos, porque...siempre decidimos.

Doisneau dijo...

verdad, eso es asi... esta en las propias manos.