lunes, 14 de abril de 2008

distinta-diferente-ausente


Hoy Marta paseaba por la Ramblas, iba inquieta. Había estado llorando toda la noche y caminaba sin caminar, iba al trabajo por instinto, como el animal que va a la comida. Pensaba en la tristeza que se había instaurado en ella hace unos días, pegajosa, pringosa, pesada, egoísta…
Hola, ¿qué tal estas?” Miró, un desconocido le estaba hablando. Marta lo miro sin mirar. “¿No estás muy bien hoy, no?” NO, dijo con rara sorpresa. “Eres muy bella para estés mal. Hoy no quieres hablar, ¿no?” NO. “Bueno que pases un feliz día” Marta arremetió por la derecha para desliarse del desconocido que la había sentido. Y su cuerpo si inquietó, se sobresaltó. ¿Cómo un desconocido puede estar más cerca de una que su propio marido?

La imagen del desconocido caminando a su izquierda mientras la miraba fijamente, no se la pudo quitar en todo el día. Como la tristeza; se había pegado a su piel, a su pensamiento ,a su alma.

Mario llego a cenar. No vio lo que Marta tenía pegado a la piel. Aunque en un momento de luz mientras brindaban le miró a los ojos: “Hoy, pareces distinta”.

¿Distinta?

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