viernes, 28 de marzo de 2008

Fragmentos de un concierto

El cantaba todas las noches desde lejos, ella lo escuchaba a escondidas como si hiciera algo no apto para un débil corazón. El se suponía a salvo. Ella también. Él, el observado; ella, la observadora. Él, el que camina y ella, la que agazapada en la copa de un árbol lo vigila. Él, el que guiña el ojo y ella, la que lo recibe. Él, el que se frota las manos y ella, la que las siente. Él, el que se lleva la copa de vino a los labios; ella, la que se lo bebe. Él, el que afina los primeros acordes de “TABÚ”; ella, la que canta susurrando. Él, el que pone voz a los acordes y ella, la que termina el empiece. Él, el que se quita la americana y ella, la que se la pone en el respaldo. Él, el que habla con el camarero argentino; ella, la que se inquieta. Él, el que zarandea a una chilena sola; ella, la que demuestra indiferencia. Él, el que sopla en el cuello; ella, la que se lo permite. Él, el que recibe aplausos y ella, una de las que aplaude.
El observado se desploma. La observadora… ¿dónde va la observadora?

2 comentarios:

IVAN dijo...

la observadora va a observar. Otra cosa es lo que debería (si debiere hacer alguna cosa...), yo creo que deberia empezar a actuar, a lanzarse, a precipitarse, a vivir.
Parece que viva la vida desde una ventana...

Anónimo dijo...

Pienso que la observadora, corre, corre y corre. No quiere entrar o no puede, no se... Yo tb. viviría, estoy con ivan.